Blog
"Cuando el cuerpo habla"
Meditación
Porque el bienestar no siempre empieza haciendo algo
Hay momentos en los que el cuerpo empieza a decirnos cosas.
Primero lo hace bajito
Un poco de cansancio, una tensión en los hombros, ese dolor de cabeza que aparece siempre al final del día, el estómago que se revuelve el sueño que se altera, el pecho que se aprieta, una contractura que vuelve una y otra vez.
Y nosotros, muchas veces respondemos:
"Ahora no puedo"
"No tengo tiempo para esto"
y seguimos, porque tenemos muchas cosas para hacer
Mente, emociones y cuerpo no están separados
Durante mucho tiempo hemos tendido a separar la mente del cuerpo.
Por un lado está lo que pensamos, por otro lo que sentimos y, por otro, nuestro cuerpo.
Pero en realidad no funciona así.
Cuando tenemos miedo, nuestro cuerpo responde; cuando llevamos demasiado tiempo conteniendo una emoción, nuestro cuerpo puede expresarlo de distintas maneras; cuando vivimos en permanente estado de alerta, también.
Nuestro cerebro, nuestras emociones y nuestro cuerpo están comunicándose constantemente.
El problema es que muchas veces no escuchamos esa conversación.
Escuchamos a todos menos a nosotros mismos
Tenemos una capacidad increíble para escuchar a los demás: sabemos cuando nuestros hijos están preocupados, cuando una amiga no está bien, cuando nuestra pareja está distante, cuando alguien necesita que lo acompañemos, pero:
¿Cuánto tiempo dedicamos a escuchar lo que nos pasa a nosotros?
A veces tratamos nuestras propias emociones como si fueran una interrupción, como si fueran algo que aparece en el peor momento, y entonces les decimos:
"Cállate que estoy ocupada" "No me molestes"
y seguimos: seguimos trabajando, seguimos resolviendo, seguimos cuidando, seguimos cumpliendo, seguimos intentando llegar a todo.
Nos hemos vuelto expertos en decir "no pasa nada"
Hasta que un dia "si" pasa
Y entonces nos vemos obligados a parar; una consulta médica, un análisis, una contractura que no desaparece, el insomnio que se instala, un cansancio que ya no podemos disimular, y entonces empezamos a preguntarnos:
¿Qué me está pasando?
Por estas razones y también porque muchas de estas experiencias las he vivido en carne propia, fui construyendo una manera de trabajar que reúne muchos años de estudio, formaciòn y experiencia con algo que considero fundamental:
La mirada integral de la persona
Cuando trabajo con alguien no quiero ver solamente una espalda contracturada, unas piernas cansadas o unos hombros tensos, quiero recordar que detrás de ese cuerpo hay una persona, una persona que piensa, que siente, que vive, que atraviesa situaciones, que acumula tensiones, preocupaciones, emociones y tambièn deseos.
Por eso mi propuesta de Masaje Consciente parte de una idea sencilla:
El cuerpo es una unidad
El contacto, el movimiento, la respiración, la atención y la presencia nos permiten detener, aunque sea por un momento, ese ritmo en el que vivimos permanentemente hacia afuera. Y cuando nos detenemos podemos empezar a percibir aquello que durante el día no tuvimos tiempo de escuchar.
El masaje no pretende diagnosticar aquello que nos sucede ni tampoco reemplazar la atención sanitaria, es un espacio para volver al cuerpo, escucharlo y tomar consciencia de cómo estamos
Porque a veces, cuando conseguimos escucharnos podemos empezar a hacer algo diferente.
Quizás hoy sea un buen momento para dejar de decirte:
"Cállate que estoy ocupada" y empezar a decirte "Te escucho"
Porque el bienestar no siempre empieza haciendo algo.
A veces empieza simplemente escuchando.